Los dos mil hijos de la insistencia
«Lara fue la mejor inversión de nuestra vida», cuentan Francisco Díaz y Felisa Rodríguez, una de las 5.000 parejas que recurrieron a la fecundación in vitro en Asturias en la última década
J. JESUS FARPÓN Oviedo, Raquel L. MURIAS
Lara Rodríguez tiene dos años y tres meses, los ojos azules y el pelo lleno de tirabuzones rubios. Lara hace las cosas que hacen las niñas de su edad pero cuando sea mayor podrá contar a sus amigos que ella ha sido una niña nacida por insistencia; la de sus padres, que tuvieron que recurrir a las técnicas de la fecundación in vitro para poder concebirla. Un proceso largo y lleno de incertidumbres que en muchas ocasiones se resuelve con nombre de niño, como el de Lara. Más de cinco mil parejas recurrieron a la fecundación in vitro en Asturias en los últimos diez años.
Cuando Francisco Javier Díaz y Felisa Rodríguez se casaron no eran ni mayores ni llevaban tiempo utilizando métodos anticonceptivos químicos u hormonales, dos de los motivos que se consideran que pueden entorpecer la fecundación natural. «Nada de eso», explica la madre de la pequeña Lara. Pero la naturaleza no quiso darles el hijo que empezaron a buscar cuando Felisa tenía 26 años. «Después de varios años intentándolo se lo comenté a mi ginecólogo y me dijo que tenía dos opciones: o la Seguridad Social o acudir al centro de fecundación in vitro de Asturias Cefiva». Barajaron ambas pero, conscientes de que el tiempo corría en su contra y de que la Seguridad Social tenía una larga lista de espera acudieron al centro privado.
Concebir a Lara costó siete meses de pruebas y tratamientos, y cinco mil euros. «Fue el dinero mejor invertido de nuestra vida», explica el padre de la pequeña. Pero aunque la sonrisa de Lara ahora les hace olvidar su lucha por ser padres, Felisa reconoce que el proceso es, cuando menos, incómodo. «Me sometían a análisis cada dos días y después me inyectaban un fármaco para favorecer la ovulación. Fueron meses duros y molestos; cada día un médico, cada día una prueba», explica mientras Lara, ajena al periplo que costó traerla al mundo, juega con los anillos de su madre sobre una mesa.
El siguiente paso fue extraerle varios óvulos para fecundarlos con los espermatozoides de su marido y después, una vez fecundado, volver a implantarlo en el útero. «El problema era mío; tenía muchos espermatozoides, pero la mayoría eran vagos», concreta Francisco Javier. «Es lo que ocurre en la mayoría de los casos», apostilla.
Una semana después de la implantación del óvulo fecundado llegó la prueba definitiva: saber si Felisa estaba o no embarazada. «Lo recuerdo perfectamente, me hicieron una analítica completa y me dijeron que volviese en una hora. Me fui a tomar un café con mi padre y mi marido para hacer tiempo pero los minutos no pasaban», relata.
Tuvieron suerte; las enfermeras les esperaban esbozando una sonrisa. «Felisa, estás embarazada», le dijo alguien nada más entrar a la clínica de Cefiva. Felisa logró quedarse embarazada con 32 años. «Siempre le decimos a la gente que no logra concebir que tiene que pensar en positivo; nosotros nunca pensamos que no podríamos tener un hijo, de hecho, vamos a tener más», explica el matrimonio gijonés. «¿A que quieres un hermanito?», le pregunta Francisco Javier a su hija.
Cada vez son más las parejas que tienen que recurrir a este tipo de tratamientos para ser padres. La mujeres se deciden cada vez más tarde, fuera de la edad biológica que los médicos consideran ideal para quedarse embarazadas, y cada vez también son más los hombres cuyo esperma es vago. Aun así, sigue habiendo esperanza para la vida. «Perseverancia e insistencia», dicen los padres de Lara, que ya piensan en el segundo hijo.
Fuente: http://www.lne.es/sociedad-cultura/2009/12/13/mil-hijos-insistencia/847178.html